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Cuando te toca el HiPPO, de nada sirve tu poder de Unicornio

Usualmente, vamos a decir la verdad, los diseñadores que trabajamos en start ups somos Unicornios. Desde el loguito inicial a complejos flujos de usuario, toca hacer de todo pasando por pruebas con beta testers y la enorme, enorme tarea de evangelización que supone introducir un cambio en la cultura de la organización. Esto es, trabajar teniendo en mente a las personas a las que va dirigido el producto sin perder los objetivos de negocio.

Con el tiempo, la start up crece y puede que termines siendo Diseñador de Producto o Diseñador UX o cualquier otra cosa que el día a día demande. Al final lo del título es irrelevante, hay tareas que se van delegando porque el equipo crece y otras que siguen formando parte de tu quehacer diario. Un día entra a formar parte del equipo un Jefe de Producto, otro día te das cuenta que el equipo de soporte ha crecido y madurado mucho, el de marketing, el de ventas, etc. Dicho de otro modo, las cosas van yendo bien y todos forman parte del engranaje que crea un producto satisfactorio.

Esto en el caso que la gente del Olimpo* se dé cuenta que cuando contrata a profesionales con experiencia (buena y mala, todo suma) debe dejarles hacer. Todos tienen muy claro hacia donde va el barco, límites y libertades. Nadie con experiencia va a quere montar nada que vaya contra el propio producto, vamos que la supervivencia de un negocio quiere decir que tú vas a seguir ganando tu sueldo.

Sin embargo, a veces en el Olimpo (como en toda leyenda fantástica) la semilla del mal aparece. ¿Recordáis aquellos que han leído el Silmarillion cómo Eru hizo tocar a los Valar una música que sonaba imponente cuando se unían las piezas?… hasta que llegó el tonto de Melkor a arruinar la fiesta y adiós producto. O al Almirante Ozzel que tomó una decisión muy mala y pifió la operación del Imperio en sorprender a la Alianza Rebelde en Hoth simplemente por ser el tipo al mando.

Bueno pues pasa lo mismo cuando aparece el “gurú” en una startup, no sabemos cómo llega a tener tanta influencia con los dioses pero empieza a sumar adeptos y al final muchas de las decisiones de negocio se toman en cuenta teniendo al Melkor de turno rondando por ahí. En términos de empresa a este sujeto se le conoce como HiPPO (Highest paid person opinion).

Conocí a un diseñador que tuvo la desagrable oportunidad de trabajar con un HiPPO, y esta es su historia. Este sujeto lamentablemente tenía unos poderes infinitamente superiores a sus propios poderes de Unicornio. De nada valía las advertencias, o los ruegos por cosas tan simples como pedir que se escuchasen a los usuarios.

Este diseñador me contaba cómo en algún momento la mujer del founder de esta start up donde trabajó pasó a formar parte del consejo de los dioses donde se tomaban las decisiones. Ya podéis imaginaros el nivel de stress que se vivía en esta start up. (Si es cierto lo que dice que el equipo de front end eran 8 becarios y el resto de developers eran 4 back end, no quiero ni imaginar lo que saldría de allí, no por los back si no por la calidad final del producto.) Imagina que diseñas una UI preciosa, y no sólo eso, si no funcional. Luego en el comité del Olimpo te devuelven lo que tienes que modificar (vamos, todo) y luego eso se lo pasan a los 8 becarios a que lo implementen. Todo basándose en las especulaciones, experiencias y opiniones del HiPPO. ¡Vaya producto final eh!

Como suele suceder cuando las decisiones las toma un tonto y no las métricas ni los datos la start up comienza a presentar graves síntomas de “featuritis”. Lo peor de un proceso de enfermedad por featuritis es que se comienzan a desarrollar más y más cosas sin dejar terminadas las previas. Un día viene el HiPPO y dice “vamos a poner un filtro aquí, una sección nueva allí y un componente por allá”, cosas sin sentido, que funcionan mal y que jamás se vuelven a tocar son desplegadas. Cuando el diseñador preguntaba el porqué de estas cosas nuevas no había nunca una respuesta clara. Usualmente era porque… bueno la verdad que no me dijo nunca los porqué. Simplemente se encargaba a los becarios que se buscaran la vida haciédolas.

Me contó que una vez le dijo el founder, “vente el domingo que tenemos que presentar unas pantallas a unos inversores pero urrrrge”. Y cuando llegó en la solitaria oficina estaba él, el founder y … ¡el HiPPO!. Yo no quiero ni ponerme a pensar en la desazón que pudo haber sentido en ese momento pero me contó que básicamente lo que sucedió fue muy similar a la viñeta de The Oat Meal. De hecho cambiaron en un día entero (domingo que no le pagaron) todo el trabajo que hizo meses atrás. En-u-nas-ho-ras.

También me dijo que en algún punto el Jefe de Producto se vio absorbido por la influencia del corrompido founder y de su HiPPO, y en cierto momento tuvo por respuesta a su trabajo como diseñador y a su preocupación por el resultado final del producto que eso eran “pamplinas”. Visto en perspectiva, este impresentable tenía razón, lo que el diseñador hacía ya no era un trabajo de diseño, era una simple herramienta que pasaba a Sketch lo que le decían que hiciera o, sentaros que esto es fuerte, que arreglara los ¡archivos en Sketch que el founder le mandaba! es decir que el hombre este le enviaba ya diseños (wtf) en Sketch para que el otro lo organizara. (Debo decir que según lo que me cuenta el founder este tenía idea de diseño como yo de ondas gravitacionales).

Un día, me contó, que llegó al trabajo y había en su escritorio un documento hecho por un consultor externo, (esto no sé si es peor que lo de arriba) en donde se leía un análisis heurístico de la app en producción. Hasta el día de hoy no sabe si se lo pusieron para decirle de forma sutil que lo horrible que había online era su culpa, que todos los errores eran su responsabilidad. Lo frustrante dice que fue ver cómo este consultor anotaba como gravísimo error todos aquellos puntos en los que él había insistido antes de pasarlo de diseño a código, diseño generado por el HiPPO, tipo que jamás asumió como suyos los errores (por decirlo suavemente).

Como veis, todos sus poderes de Unicornio de nada le valieron. Así que como moraleja de esta historia es que salgáis corriendo cuando os encontréis con un HiPPO***. Huid. Porque va dar igual que tengas un Nóbel de diseño.

¡Oh! me olvidaba comentar, la startup de la historia nunca tuvo tracking, los inversores salieron muy disgustados, se fueron dos de los back end aburridos… pero el founder y el HiPPO y el Jefe de Producto siguieron juntos, creando nuevas apps y el amigo diseñador****, bueno, vivió una experiencia que le sirvió para enfocar su carrera y conocer de antemano cuando las cosas se empiezan a torcer y saber el momento de saltar del barco antes que se vaya a pique con todos dentro.

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*Olimpo es el lugar donde se toman las decisiones de negocio de la empresa. Yo lo llamo así.

**Si queréis conocer cómo es un HiPPO, visitad esta página.

***Aquí hay más.

****Gracias a RLLM por su historia, que sirva a todos los colegas diseñadores.

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